viernes, 29 de octubre de 2010

Edwin
“amigo valioso… hombre que nunca pierde batalla"

1940, corría la segunda guerra mundial en Alemania. Ciudades enteras desvastadas por el horror, la tragedia, un sin números de muertos, miles de heridos y familias sin hogar, cifras desorbitadas de niños huérfanos a causa de los enfrentamientos.
Los niños de la guerra, sello que “asumirían” en adelante, eran trasladados a los diferentes hospitales, conventos o bien, eran llevados a  hogares o asilos para huérfanos en donde se los albergaba.
Una decena de niños, entre uno y doce meses eran llevados al hospital central, allí serían atendidos y cuidados por médicos y enfermeras. Entre ellos se encontraba Edwin. Era un varón de un mes y medio aproximadamente, fue encontrado entre los escombros de una pared derrumbada por un explosivo y fue trasladado de emergencia hacia el hospital en Berlín, sus signos vitales eran débiles, se encontraba deshidratado y con insuficiencias respiratorias. Una vez en el hospital, los niños eran asistidos y atendidos por un grupo de enfermeras que le suministraban todo lo necesario para que sobrevivan, de modo que las condiciones de higiene, cuidado y alimento eran cubiertas.

Comenta la Srta. Caroline, una monja voluntaria del hospital: “era devastador ver a tantos niños y niñas que habían quedado sin padres, sin familia, se los veía en un estado total de indefensión, algunos con heridas de gravedad, otros llegaban casi moribundos, los médicos y enfermeras no daban abasto ya que cada día el hospital colapsaba por los miles de heridos que ingresaban. A pesar de esto, los niños eran atendidos, se les proveía alimento, abrigo, etc. Mi función en el hospital era auxiliar de los médicos y enfermeras, me encargaba de cuidar de los niños, les daba la leche, los higienizaba y les administraba los medicamentos que me indicaban las enfermeras.
El día que conocí a Edwin fue ‘amor a primera vista’, cuando me acerqué a su cuna lo vi y me llené de compasión por él. Decidí bautizarlo y llamarlo Edwin, alguna vez había escuchado el significado de ese nombre y era algo así como amigo próspero, hombre que nunca pierde batalla’…
Pasaba días enteros en el hospital casi sin descanso llevando adelante mi tarea, pero aun así había tomado la decisión de darle un cuidado “especial” ya que era uno de los niños que se encontraba en estado crítico. Cuando lo vi algo me decía que tenía que estar con él, cuidarlo, abrigarlo. Solía recostarlo sobre mi pecho, mientras lo alimentaba y le susurraba canciones al oído, a él parecía gustarle… Ahí estábamos, él y yo, creo que nos habíamos elegido, o mejor dicho… él me había elegido y yo no hice otra cosa más que doblegarme ante él.
Lo más amargo de la guerra era que el resto de los niños que ingresaban al hospital morían al cabo de unos días pese a que, según los médicos, ya no se encontraban en peligro sus vidas. Nadie entendía el por qué, no había nada que les faltara, eran atendidos y todas las necesidades estaban cubiertas. Esta era una reacción que preocupaba a los médicos y especialistas, una y otra vez los escuchaba discutir, nadie podía dar una explicación a este fenómeno, ¿Qué era lo que estaba sucediendo? ¿Por qué?
Entretanto yo me había propuesto estrechar esa amistad que había nacido entre Edwin y yo. El vínculo se fortaleció día tras día y su mejoría era innegable…” 


Esta mañana al despertar, entre tostadas y un rico aroma a café, leí la siguiente noticia:

Un bebé prematuro nacido en Australia, de 27 semanas, que los médicos habían dado por muerto al nacer, "resucitó" en los brazos de su madre, dos horas después de que se anotara su fallecimiento, según informa el periódico local.
A pesar de esta terrible noticia, Kate no se resignó y pidió que le dieran a su bebé. Lo tomó en sus brazos y lo recostó sobre su pecho desnudo y lo mantuvo allí durante dos horas, entre palabras de consuelo, ánimo, caricias y lágrimas. "Le dijimos cuál era su nombre y que tenía una hermana. Le dijimos las cosas que queríamos hacer con él cuando creciera", narraba Kate. Minutos más tarde, el bebé suspiró…


Esta noticia me inundó de sensaciones y me encontré sumergida en mis pensamientos… ¿El “cachorro” humano es el único animal que puede morir por indefinición? ¿Necesariamente dependemos de un vínculo afectivo, intenso y duradero con un otro para sobrevivir? ¿De alguien que nos nombre, que nos de una historia, un sentido de existencia? ¿Que nos diga quiénes somos? En definitiva alguien que nos desee. Pareciera ser que somos sujetos-sujetados a un otro que nos proporcione seguridad, consuelo y protección.
Como dijo alguna vez hace cien años un pensador revolucionario, para constituirnos en “alguien” y no ser sólo un organismo viviente, no basta sólo con nacer de una mujer, nutrir nuestros cuerpos y recibir abrigo, sino que necesitamos de la impronta de los otros, de aquella marca que trasciende la especie, y nos posiciona como alguien significativo.


jueves, 21 de octubre de 2010


La calle del desengaño



La Calle del Desengaño, es el nombre que recibe una antigua calle de la ciudad  de Madrid. El origen de la misma es añejo, tal es así que para explicar el por qué del nombre los habitantes del lugar se remiten a una vieja leyenda. Cuenta la fábula que dos caballeros iban a batirse a duelo allí por el amor de una hermosa mujer, al enfrentarse una misteriosa sombra cruzó los estoques de sus filosas espadas cruzadas. Los dos hombres cautivados por la curiosidad que esto les producía  siguieron aquella sombra olvidando su disputa. Luego de una intensa búsqueda encontraron dormido sobre el respaldo de una pared un escalofriante cadáver. La respuesta de estos hombres ante esta inesperada escena fue: “¡Qué desengaño!"


Las mujeres de la vida, el alienado, el borracho, el desamorado, el engañado, los descalificados, el pobre, los marginados, los excluidos, el solitario, el desesperanzado, los desprotegidos, los segregados, el vagabundo, el reo, el estigmatizado social, los débiles, el agraviado, el oprimido, el olvidado, etc, peregrinan por la calle del desengaño. Estos personajes son convocados por la desilusión  para transitar por allí. Aquella ilusión desquebrajada reúne en ese lugar a los que han perdido la esperanza, la ilusión, sus expectativas han sido frustradas, la realidad se ha manifestado de un modo distinto a lo esperado, la realidad les devuelve un reflejo de desilusión,  de penar por aquello que no fue, el desencanto cubre su rostro.

Todos en algún momento hemos sido peregrinos de la calle del desengaño. Todos hemos sido cautivos, presas de la desilusión. Parece ser que todo aquello que llamamos des-ilusión es inherente a la condición humana, es constitutivo de nuestra especie. Desde el instante que la ilusión retiene nuestros deseos, expectativas, aspiraciones, nuestras ansias, afanes, exigencias, caprichos, voluntad, antojos, pasiones, ambiciones, intereses, etc. corremos el riesgo de que esto devenga en desilusión, puesto que ilusión-desilusión son dos caras de la misma moneda, una no es sin la otra. Lo que desilusiona es lo que ilusiona. Mientras exista en cada uno de nosotros ese empuje a ilusionarnos, mientras fuerce esa esperanza infundada, ese anhelo por algo, el azar puede intervenir para “bien o para mal”. José Narosky dijo alguna vez: “…Mi mayor ilusión es seguir teniendo ilusiones…”

Es importante mantener y alimentar aquello que llamamos ilusión, seguir teniendo ilusiones pese a las frustraciones que podamos sentir.
Vienen a mi memoria aquellas cosas que aun siendo niños nos ilusionó. Resuena en mi el recuerdo de cuando dejábamos nuestro diente debajo del almohada a la espera del Ratón Pérez,  o las cartitas escritas a Papá Noel, que por cierto ¡conservaban una aclamada lista de juguetes!... ¡y a no olvidarse del pasto y el agua que había que dejarles a los reyes magos para asegurarnos de este modo nuestros más ansiados regalos! La ilusión de que nuestros padres cumplan con todas las promesas que ellos hacían vagamente y que nosotros tomábamos al pie de la letra demandándoles imperiosamente que las cumplan, ya que ellas podían representar el perseguido regalo de cumpleaños, salir a jugar, ir a la plaza, tomar un helado, andar en bicicleta, ver nuestro programa favorito, invitar a nuestros amigos a casa, etc. Unos años más adelante nos ilusionamos con la idea de hacernos un tatuaje, de independizarnos de nuestros padres (o no!), con un trabajo, con una carrera o con un amor que, por lo general, suele ser absurdo, insostenible, y en mejor de los casos no correspondido :(

En mi opinión, la ilusión desilusiona, esto es inevitable. En el mismo momento en que resolvemos dejar de ilusionarnos (por supuesto, luego de una desilusión reciente) es cuando “sin querer” ya estamos ahí, de nuevo atrapados en las dulces garras de ilusión.
La ilusión - desilusión es constitutiva del ser humano, somos una ilusión, y nos recuerda que aun estamos vivos.


Relatos de una desilusión:

Victoria, 36 años:
“Corría el año 2002. Con Oliver nos habíamos conocido en enero de 2000 en las paradisíacas playas de Cuba y había sido algo así como “amor a primera vista”. A ese encuentro siguieron innumerables emails, charlas telefónicas interminables, cartas y tarjetas postales hasta que por fin en septiembre pude concretar mi gran sueño de viajar a Europa para el tan ansiado reencuentro. La primera desilusión fue el saludo frío al llegar al aeropuerto. Yo había soñado con un beso de película y lo que me esperaba en Munich era un beso en la mejilla. El viaje fue fantástico pero siempre le faltaba ese toque romántico el cual yo había imaginado y ansiado por tanto tiempo. En diciembre el reencuentro fue en Buenos Aires y parece que el aire de verano le sentó mejor. Cuando nos despedimos en el aeropuerto prometí ir a visitarlo a Europa un año después. Esta vez la idea era aprovechar la estadía para hacer un curso de alemán en la Universidad de Munich y quedarme por tres meses para ver cómo funcionaban las cosas. Desde que Oliver subió al avión yo comencé a trabajar día y noche para ahorrar para el viaje. Trabajé sin descanso, dejé de comprarme ropa, me quedé casi todos los fines de semana en casa, todo en pos de concretar mi sueño... Y al fin  pude comprar mi pasaje. Durante el mes de agosto las cosas se pusieron raras, no sabría explicar por qué, pero mi sexto sentido femenino me decía que algo andaba mal. Y finalmente un sábado llegó el llamado con la noticia que jamás habría querido escuchar: “no te podes quedar en mi casa porque estoy saliendo con alguien”. En ese momento todo se derrumbó. No podía parar de llorar… tanto sacrificio y esfuerzo para nada, todo lo que había dejado de vivir siguiendo un sueño que ahora se desvanecía delante de mi como si nada. Mi gran desilusión. Pero a pesar de esta y muchas otras desilusiones que siguieron aquí estoy. Y cada día elijo seguir creyendo que ir tras los sueños vale la pena…”


Sofi, 8 años:
“El día que mis padres me contaron la verdad sobre Papá Noel me sentí mal, lloré mucho y me enojé. Pero después pensé que había 2 caminos para llegar a ser padre y para convertir a alguien en papá: uno, ser un niño optimista creyendo en todas sus fantasías y, otro, buscar el verdadero secreto del entretenimiento infantil. Si uno es padre se siente mal jugando con los sentimientos de su hijo o hija, yo sentí que no era eso, sino disfrutar la etapa de ser padre o cualquier familiar con más comprensión de las cosas”.

Ver video - Manu Chao – Malegria:

miércoles, 13 de octubre de 2010


¡Oíd, mortales!, el grito sagrado…

…Este estado define a quien no es esclavo, ni sujeto, ni impedido al deseo de otros de forma coercitiva. En otras palabras, lo que permite al hombre decidir si quiere hacer algo o no, lo hace libre, pero también responsable de sus actos…

Infinitamente me he preguntado acerca de la libertad… ¿Qué es la libertad? ¿Es un derecho humano fundamental?, ¿Es el derecho de opinar libremente? ¿Es una virtud? ¿Un don que solo poseemos los hombres? ¿Es eso que nos hace distintos del resto de los seres?

Desde el momento en el que se “otorga” al hombre la capacidad de elegir, esto que llamamos libertad viene a poner un sello, se inscribe en nuestros cuerpos, nos damos cuenta de que lo que antes era de una forma ahora no es igual, las cosas toman una forma distinta. Esta sensación se encarna en nosotros y toma el control de nuestras vidas.

Creo que la libertad es el acceso a nuestra identidad, nos permite crearla y recrearla al mismo tiempo. Un sabio llamado Einstein dijo alguna vez: “Somos arquitectos de nuestro propio destino”. Ahora… ¿realmente somos los arquitectos de nuestro destino?

La libertad se suele definirse como la capacidad del ser humano de obrar según su propia voluntad. Es un concepto abstracto, inanimado al que se le puede dar una gran variedad de significados y sentidos. Hace referencia a aspectos de la condición humana. Se la define por oposición a términos como esclavitud, sumisión, control, etc., pero ¿qué es realmente ser libre? ¿Somos totalmente libres? Creo que no, que sólo es una opción en el abanico de posibilidades que la vida nos presenta, y si es una opción, esto nos indica el no-todo, entonces aquello que llamamos libertad pierde su capacidad de ser.


Viene  a mi memoria una pequeña historia:

Paula dijo… “Al despertar supe que ese día sería distinto, el día se presentaba desafiante, algo fuera de lo común iba a suceder, la vieja casa en donde vivía se había colmado de personajes dispuestos a emprender un largo viaje. Los niños correteaban de un lado al otro, subían y bajaban las escaleras tomando todo aquello que les pertenecía. Por un instante me sentí perdida, desorientada ya que no era común que este tipo de acontecimientos ocurrieran en este lugar, observaba lo que sucedía y  no comprendía demasiado qué estaba ocurriendo, ni tampoco entendía el por qué. Algo dentro de mí me decía que ese día sería diferente, podía ver cómo el destino me retrucaba con su ancho de espada, pero… ¿De qué se trataba todo esto? ¿Cuál sería el plan? Tomé coraje y decidí ir hacia donde estaba ella, al mirarla la noté un poco cansada o tal vez preocupada. Se la veía  como si  un tinte de ansiedad cubriera la expresión de su rostro. Al acercarme le pregunté qué estaba sucediendo pero parecía no notar mi presencia, continuó empacando… tomó algo de vestimenta y algunas que otras provisiones. Le susurré nuevamente qué era lo que estaba sucediendo. Le dije: ‘¿por qué todos están empacando sus cosas? ¿A dónde se van?’ y sin mirarme dijo que debía apresurarme, con voz de enojada me dijo que teníamos que dejar ese lugar e irnos, dijo: ‘quiero que tomes tus cosas, no nos queda demasiado tiempo’. Me tomó del brazo y me llevó a la última de las habitaciones de aquella casa en donde habíamos vivido por un largo tiempo. Al ingresar a la habitación de mis abuelos me alzó en sus brazos y me sentó sobre la cama. Al mirarme me explicó que no podíamos seguir ahí, que el tiempo de estar en ese lugar había terminado, que una nueva casa, una nueva vida nos esperaba. La miré y le dije que no quería ir donde ellos irían, sentía que no debía hacerlo, ese no era mi lugar, no era el momento. Entonces ella dijo: ‘tú decides, o vienes o te quedas con lo que sientes, sólo debes saber que si eliges quedarte nunca más volveremos a vernos, nunca más’. En ese momento entendí, sabía que no sería fácil, sentí mucho miedo, bronca, angustia, como si una enorme dosis de adrenalina recorriera mi cuerpo, pensé en todo y en nada a la vez y… decidí. Sí, la vida me estaba exigiendo que decidiera y así fue.
Hoy  han  pasado  muchos años de aquella mañana y nunca más desde aquel día volví a ver a mi madre. Desde entonces no ha sido fácil, pero siempre supe que ese día la vida me estaba abriendo un camino, esto que llamamos “abanicos de libertades” me seducía agitándose delante de mí demandándome la responsabilidad de elegir, de hacer mi propio camino”.

La libertad se puede entender a partir de aquello que no es, es definible  según el contexto y las condiciones en las que se da, ya que sólo podemos acceder a ella en función de las “opciones” que la vida nos pone delante. Es decir, la libertad siempre está sujeta y limitada al modo en que cada uno de nosotros se representa su propio universo de significados…

… Para el alumno, el recreo.
     Para el que esta en la cárcel, la calle.
     Para el adolescente, la independencia.
     Para el niño, salir a jugar.
     Para el que ama la música, una canción.
     Para el loco, la locura en su máxima expresión…

La lista se hace interminable e infinita como aquello que llamamos Libertad

René Descartes, Filósofo Francés: "...consiste solamente en que, para afirmar o negar, perseguir o evitar, las cosas que el entendimiento nos propone, obramos de manera tal que no sentimos que ninguna fuerza fuerce."

 Henri Bergson, Escritor y filósofo francés: “La libertad es la capacidad de la conciencia de regirse por su propia naturaleza, independiente de las leyes y fenómenos de la Naturaleza”.

Franz Grillparzer, Dramaturgo austríaco: “Las cadenas de la esclavitud solamente atan las manos: es la mente lo que hace al hombre libre o esclavo”.

Arturo Graf, Escritor y poeta italiano: “El hombre nace libre, responsable y sin excusas”.

Miguel de Cervantes Saavedra, Escritor español: “No pido riquezas, ni esperanzas, ni amor, ni un amigo que me comprenda; todo lo que pido es el cielo sobre mí y un camino a mis pies”.

Victor Hugo, Novelista francés: “Quienes son capaces de renunciar a la libertad esencial a cambio de una pequeña seguridad transitoria, no son merecedores ni de la libertad ni de la seguridad.”

Benjamin Franklin, Estadista y científico estadounidense: “La libertad no tiene su valor en sí misma: hay que apreciarla por las cosas que con ella se consiguen”.

viernes, 8 de octubre de 2010

Bienvenida


Suena el despertador 7:10 a.m, entre dormida podía escuchar la odiosa lluvia que golpeaba las chapas del toldo de mi balcón. Con un esfuerzo sobre natural logro levantarme de la cama y dirigirme hacia la ducha. Un día más había comenzado…
Me dispongo a sumergirme en la vorágine de la ciudad: llego a la parada del colectivo, luego de tres intentos frustrados de subir al “bendito Bondi” y hacer malabarismos con el paraguas, la cartera, los zapatos de punta, el delineador que a esta altura chorreaba por mis lagrimales desplazándose trágicamente hacías las mejillas y el cabello en su máximo esplendor de frizz, logro por arte de magia hacerme un lugar en el abarrotado medio de transporte. Unos minutos más tarde, al llegar al ansiado destino e intentando mantener la calma, me encontré con el siguiente interrogante: “¿Algo más podría pasar?” supuse que seria mejor que afloraran pensamientos positivos… No terminaba de digerir esa idea cuando sentí un tremendo escalofrío correr por mis piernas. Parecía ser que el azar esta vez me había preparado un regalo: un lindo charquito de agua y una terrible mancha de barro aferrada a mi pantalón que a partir de ese  momento pasarían a ser “dos seres” inseparables como  Batman y Robin. La sensación de ira incontrolable ya se había apoderado de mí manifestándose en una variedad de síntomas corporales tales como: respiración agitada, aceleración del ritmo cardiaco (mi corazón parecía galopar en lugar de latir), mejillas enrojecidas, músculos tensos, dientes apretados y un deseo  significativo e irrefrenable de golpear a alguien…
Por fin llego a la oficina y me dispongo a reponerme de aquellas situaciones  pero, como cortesía obliga, había que saludar! Quiero aclarar que en el lugar en donde trabajo el saludo es una cuestión  que roza el límite  de una “mera cortesía”. Este hace las veces en primer lugar, de “fichero” de la antigua fabrica cual Chaplin en Tiempos Modernos; segundo, da cuenta de los lazos fraternales entre los miembros que allí habitamos; y por último, como una simple cuestión cultural. 
Una serie de preguntas irrumpieron en mi mente  con la imperiosa necesidad de ser respondidas: ¿A quién se le habrá ocurrido esta costumbre de que hay que saludar? ¿Por qué? ¿Con qué finalidad? ¿Quién estipuló que quien llega tiene el deber de saludar para evitar ser considerado un descortés? ¿Acaso soy una inadaptada por no saludar? ¿Cómo serian las cosas si no existiera el saludo? ¿Traería alguna consecuencia?


Todos estos interrogantes me movilizaron a investigar sobre el fenómeno del saludo…

No se conoce fehacientemente como y cuando se dio origen al saludo, pero lo que sí se puede decir es que es una tradición que ha perdurado a lo largo de la historia desde las tribus más primitivas.  En la antigüedad por ejemplo, los guerreros para demostrar que venían en “son de paz” dejaban al descubierto sus manos y  de este modo daban cuenta que no traían armas. En culturas antiguas como la egipcia, las personas se saludaban inclinado el cuerpo y bajando una de sus manos hasta la rodilla como símbolo de respeto hacia el otro; los judíos inclinaban la cabeza; los griegos se estrechaban las manos entre si y los romanos el antebrazo; en culturas orientales como en la antigua china los estudiantes se saludaban  cubriéndose el puño izquierdo con la palma derecha, esto representaba una expresión de paz y buenos augurios. Con el correr del tiempo esto se expandió a toda la cultura y pasó a ser el saludo chino tradicional, así también  como el apretón de manos. Por otro lado,  los guerreros y aquellos que practicaban las artes  marciales saludaban con la palma izquierda cubriéndose el puño derecho.
Recién el en el siglo XIX se adopta la costumbre de saludar con un beso en  las manos de las damas.
Hasta comienzo del siglo XIX el saludo solía ser un acto de  solemnidad y rigurosidad. Cuando el saludo estaba dirigido a un “superior” se debía inclinar el cuerpo  hasta quedar en ángulo recto; luego este acto es reemplazado por  una reverencia con la cabeza acompañada de una “frágil” inclinación; más adelante bastaba con quitarse el sombrero en el caso de los hombres, por ejemplo.

El saludo es algo propio de la cultura y las costumbres de los pueblos, en cualquiera de sus modalidades es una expresión de cortesía, formalidad,  amabilidad y afecto.  Es por ello que ha adquirido un  gran valor cultural y simbólico en todas las épocas; tal es así que pareciera  que el hecho de no responder al saludo de alguien es considerado como una falta de respeto y mala educación.


… No quedándome conforme con esto, decidí escuchar la opinión del resto de los mortales:

 “Es una formalidad... no sé a qué apuntás con esto… pero es eso el saludo…
una costumbre, cultura mundial... si alguien no te saluda... decís q hijo de puta jajaaja”

“El saludo es una cuestión de respeto por eso hay que saludar a todos, pero no todos merecen el saludo de uno”

“Depende…. no es lo mismo  saludar a un amigo que saludar a alguien que uno no quiere, por ejemplo si saludo a un amigo, le doy un abrazo, me pongo contento si no es más bien un compromiso”

“El saludo es una cuestión de respeto, igual yo saludo a quien quiero, al que me importa, si hay alguien que no me importa no saludo y listo”

“El saludo es una cuestión de respeto que te da el don de persona”

“El saludo es cuando vos entras algún lugar, saludas, tenes que saludar, cuando entras y salís, es como ser respetuoso…”

“Depende, hay diferentes tipos de saludos, antes se saludaba de una forma, ahora de otra, no es lo mismo el saludo de un amigo, de alguien cercano que de otra persona con la que no tenes tanta confianza”

“El saludo es, en primer instancia, para mi la iniciación y el final de un encuentro…Y a su vez en muchos casos es una demostración de estima entre las personas, un signo de que dicho encuentro es anhelado…. Juaaaa”

“¿Qué significa?... ¡Afecto!”


Y como de saludos se trata, les damos la bienvenida a Respire Profundo, un espacio donde nos proponemos dar lugar a la palabra porque creemos que hay mucho para decir, para construir juntos nuestras realidades respetando la diversidad que nos atraviesa.

Esperamos sus aportes!!