En busca de la
felicidad…
“La dicha
de la vida consiste en tener siempre algo que hacer, alguien a quien amar y
alguna cosa que esperar…” (Thomas Chalmers)
No se si fue casualidad o bien causalidad, lo
cierto es que estaba a punto de conocer el secreto de la felicidad, ese día conocí a Osvaldo y este fue mi día de suerte.
Un mal entendido y la profunda curiosidad que
me caracteriza me permitió conocer a una persona mágica, una vida para contar, numerosas
historia en el baúl de los recuerdos que merecían ser escuchadas, momentos
vividos, anécdotas, cuentos mágicos, sueños realizados, batallas ganadas, para
Osvaldo valía la pena estar vivo.
Un pequeño percance y algún que otro contra
tiempo con mi psicoanalista hizo que ese día se tornara diferente, único, así
fue como me cruce con Osvaldo, un señor de 85 años con el espíritu de un
adolescente y la mentalidad de un adulto que había vivido mucho, luego de una
larga charla quedamos en encontrarnos a compartir un rico café en un conocido
bar situado en la Av. Córdoba y Sánchez de Bustamante, en el barrio del Abasto.
Cuando nos despedimos me dijo: “a mi me gusta hablar y a vos te gusta escuchar,
creo que nos vamos a llevar bien…”
Un sábado por la tarde asistí al encuentro,
Osvaldo estaba de pie junto a una de las mesas, apoyado en su bastón que según él
este era una fiel replica de un Cocomir. Vestido para la ocasión, lleva zapatos
de gamuza, pantalones pinzados, una camisa a cuadrille, un chaleco de lana a
rombo y una linda boina verde oliva haciendo juego. Recuerdo que al saludarme
lo primero que hizo fue quitarse la boina, como todo un caballero me invito a
tomar asiento, mientras lo hacia arrimo la silla y lo primero que me dijo fue:
“nunca se debe hacer esperar a una dama, por lo tanto nunca esperes a un hombre
que llague tarde a una cita, si llega tarde quiere decir que no le ha dado la
prioridad necesaria”. Algo dentro de mí me decía que esa tarde susurraba ser
prometedora y mágica.
Osvaldo, hijo de italianos provenientes de la
ciudad de Sicilia, que emigraron a Buenos Aires
alrededor de 1930, él es el menor de siete hermanos, su vida se
caracteriza por ser una mezcla de costumbres italianas y porteña, se crio en el
viejo almacén de su padre ubicado en el barrio de San Telmo. A los 18 años
conoció a Rosa, una bella mujer de la cual se enamoro profundamente, comenta al
respecto: “en mi época darle un beso a una mujer no era cosa fácil, había que
trabajar un poquito, como se dice por ahí, había que sudar la camiseta, ¡que lo
pario! primero el casamiento después el beso, eran otros tiempos, pero Rosa
valía la pena, era tan buena moza, me costo conquistarla pero lo logre y
finalmente nos casamos. Tuvimos cinco hermosos hijos, ¿vos me creerías si te
digo que tengo una hija de sesenta años, siete nietos y una bisnieta? la vida siempre
da mas de lo que uno pide. Con Rosa vivimos momentos duros, otros de mucha
felicidad, todavía la extraño, enviude hace un par de años, me alegra saber que
pude acompañarla hasta el ultimo día. Recuerdo que cuando estaba en el
hospital, mis hijos solían decirme que me fuera a descansar, ¿a descansar? ¿pero
como se les ocurría que podría dejarla? Ella nunca me hubiera dejado, alguna
vez prometimos estar en la salud y en la enfermedad, de la segunda parte
siempre se olvidan…. ¿Hoy quien aguanta sesenta años de casado?, ya la gente no
se tolera tanto, falta tolerancia, amor por el otro. Cuándo Rosa se fue, gran parte
de mi vida se había ido con ella, la otra parte se había quedado en la
presencia de mis hijos, mis nietos, y ahora mi bisnieta, así que dije, ¡pucha que
vale la pena estar vivo! Vivo todos los días como si fuera el último, pero me
entreno como si aún quedara mucho camino por recorrer….”
“Hace un año conocí a Ofelia, mi novia, por
suerte nos conocimos un año después de que ella enviudara y nos enamoramos, creo
que nos estábamos buscando y la vida nos puso ahí, en el mismo camino. Ofelia es
una gran compañera, ella se quiere casar y yo pienso que podemos casarnos porque
los dos estamos viudos, pero todavía no decido que hacer, pronto le tengo que
dar una respuesta… ahora esta de viaje, su familia es de Suiza, ella sufrió
mucho la enfermedad de su marido, el tenía una enfermedad terminal y ella lo
cuido todos los días hasta el último. Ahora la vida la esta recompensando por
todo el dolor que tuvo que atravesar, pero cuando vuelva le tengo que dar una
respuesta”
“Creo que el secreto de la felicidad esta en poder
elegir todos los días, pienso que cuándo uno elige la mujer con la que quiere
estar, la persona con la cuál intimar, cuándo uno elije los hijos que quiere
tener, cuándo elegís trabajar de lo que te gusta, todo esto saca lo mejor de
cada uno. Yo ame y amo la carpintería, amo el olor a la madera porque aprendí
que un pedazo de tronco no solo sirve para hacer fuego sino que también se puede hacer una pieza valiosa como éste
bastón en el cuál me apoyo para seguir caminando. Creo que uno encuentra la
felicidad cuando puede elegir a los amigos,
cuando elegís valorar la familia, eso alimenta el espíritu, valorar la vida te
da vitalidad, energía, felicidad y ganas de seguir vivo, con mis 85 años tengo ganas de seguir vivo aun
sabiendo que el presente son tiempos diferentes, distintos, elijo seguir viviendo, no hubo un solo día de
mi vida que no me despertara sabiendo que ese iba a ser un gran día y así fue…”
Creo
que el secreto de la felicidad habita en aquello que es efímero, en poder
transitar la vida con todos sus matices, muchos buscan violentamente y
afanosamente el secreto de la felicidad
y se ciegan en esa búsqueda sin obtener el resultado esperado. Al conocer a
Osvaldo antedí que se trata de algo mas
sencillo, se trata de elegir todos los días: disfrutar de un buen libro,
deleitarse con la melodía de una canción, mirar a los ojos a la persona que
amas y desearle el bien, una charla con amigos, prestarle el oído a un anciano
y emocionarse hasta las lágrimas con sus historia y aventuras, compartir con un
amigo la felicidad y el milagro de dar vida, alegrarse y ponerse de pies ante
los logros de los otros. Es por esto y por muchos mas que elijo ponerme de pies
en homenaje a Osvaldo y en homenaje a todos los que al igual que él un día
decidieron vivir cada día como si fuera el último entrenándose duro con la
convicción de que aun resta mucho camino por recorrer, hoy me desperté
esperando que este sea un gran día y así lo fue….
¡IL CAZZO LA PENA DI ESSERE VIVO!
