¡Lola!
“…Los prejuicios son la razón de los tontos…” Voltaire
Lola es una mujer, una artista, soñadora incansable, alguien que pudo materializar cada uno de sus sueños, una persona colmada de metas, ilusiones cumplidas. Ella supo tomar decisiones osadas, algunas un tanto atrevidas, otras poco convencionales, se ha rehusado a aceptar los moldes que la sociedad ofrece, por el contrario ha hecho uso de su creatividad, esbozo sus esquemas, diseño sus propios modelos y con ellos decidió enfrentar la vida. Muchos la vimos crecer, nos robo algunas lágrimas y nos hizo reír hasta más no poder. Nos identificamos con su tenacidad, ambición, entusiasmo, ímpetu y pasión, nos hemos reído y emocionado con sus personajes.
Quise conocerla, nos encontramos en un bar, “Bar El Federal” ubicado en el barrio de San Telmo, la cita fue el viernes a las 21:00 hs, como de costumbre decidí llegar unos minutos antes de lo pautado, pero ella se había adelantado. Lola, estaba sentada en una de las mesas que da a la calle, sobre Carlos Calvo, su aspecto lucia jovial, vestía unos jeans ajustados, zapatos de tacón, una blusa color lila que advertía sus pronunciadas curvas, llevaba el pelo suelto, maquillaje prominente, derrochaba femineidad, quede cautivada por su aspecto.
“¡Perdón! pero suelo ser bastante ansiosa, inquieta diría ¡no me gusta hacer esperar a la gente!” dijo con una efusiva sonrisa y una fuerte carcajada…
Tengo que confesar que acudí a la cita llena de expectativas y cargaba sobre mis hombros una mochila de prejuicios muy marcados, algunas que otras ideas poco felices en relación a la homosexualidad, ideas y prejuicios que se fueron desvaneciendo en cuestión de minutos.
En Lola conocí a una persona alegre, optimista y feliz…
Para Lola las cosas no habían sido fáciles, tuvo que trabajar mucho para ser quien es, atravesó momentos duros a lo largo de su vida, una niñez marcada por la pobreza, el maltrato y el abandono, mas tarde una adolescencia determinada por decisiones afanosas, lo mas difícil para ella fue cargar con el peso de los estigmas sociales que la señalaban como alguien “diferente”.
Algo que me llamo la atención y me conmovió profundamente de su relato fue la transparencia y la sencillez en sus ideas, había en ella convicciones y una ideología muy clara.
Lola siempre supo cual era su norte, a donde quería llegar, marco las metas y los objetivos que la arrimarían a ese mar de sueños acunados, evocados por años.
Esa noche accedí a una pequeña parte de su historia, recuerdo que Lola no paraba de hablar, cada cosa que decía sonaba increíble, se sentía dichosa y muy orgullosa de lo que era, una gran persona.
Lola, es de esas personas que tallan su destino y dejan huellas. Una mujer con “alta estima”, tanta estima que algunos la confunden con soberbia.
Para muchos, Lola tiene un defecto, un mal imperdonable, tan imperdonable como inaceptable, eligió su identidad. La iglesia la cuestiona, la sociedad la castiga, el mediocre la insulta, la denigra, la humilla, la justicia la juzga, el prejuicioso la anula, algunos hombres la deshonran pero a su vez la desean, las mujeres la envidian, la sociedad la niega. Para mí, Lola es una gran persona, alguien que tuvo el coraje y la osadía de tomar las riendas de su vida y elegir ser quien es todos los días.
Voltaire, escritor y filosofo Francés, decía: “Los prejuicios son la razón de los tontos…”
Los prejuicios, forman parte de la conducta humana, se basan en una visión distorsionada de la realidad. Son modelos mentales a través de los cuales se interpreta la realidad de una forma errónea. Los mismos, implican actitudes, esquemas de comportamiento que envuelven una decisión personal, se aprenden y por lo general tienen una connotación negativa, sus efectos suelen ser dañinos y perjudiciales, siempre se cobran una victima. Son convicciones que se resisten al cambio.
Pensaba en Lola y en lo difícil que es derribar un prejuicio, mucha veces alimentamos nuestro ego y nos sentimos buenas personas, gritamos a los cuatro vientos ser comprensivos, nos declaramos misericordiosos y humanos, decimos tener la mente “abierta”, nos mentimos, nos decimos a nosotros mismo que aceptamos al otro como es, ¿pero esto es realmente así? Por años escuche hablar una y otra vez del amor, del respeto y de la comprensión, me enseñaron que el valor del amor recaía en poder amar al prójimo como a mi mismo, pero claro esta: “del dicho al hecho hay mucho trecho…” creemos no hacer diferencias entre las diferentes etnias, razas o estatus sociales. Pero, no siempre es así, en general nos regimos por gustos y preferencias, nuestro discurso esta impregnado de prejuicios, ellos ciegan nuestra razón, entorpecen nuestros pensamientos, nos limitan y en el peor de los casos nos privan de conocer y crecer con las experiencias de vida de los otros. Esta noche solo me queda brindar por Lola y por enseñarme que en la diversidad, la variedad y heterogeneidad se encuentra el placer.
