A lado del camino...
en tiempos donde todos contra todos
en tiempos egoístas y mezquinos,
en tiempos donde siempre estamos solos
habrá que declararse incompetente,
en todas las materias de mercado
en tiempos egoístas y mezquinos,
en tiempos donde siempre estamos solos
habrá que declararse incompetente,
en todas las materias de mercado
habrá que declararse un inocente,
o habrá que ser abyecto y desalmado...
(Fito Paez, Al Lado Del Camino)
o habrá que ser abyecto y desalmado...
(Fito Paez, Al Lado Del Camino)
“Sólo tengo un plan. Me voy a Alaska”.
Christopher McCandless (“Alex Supertramp”), fue el hijo mayor de una familia muy adinerada, cursó sus estudios en la universidad, estudió historia y antropología. Un universitario prometedor de 22 años, con ideales muy elevados y una gran integridad moral, un día decide renunciar a una vida de comodidades, dejar a su familia, renunciar a lo material y dejar atrás su identidad para ir tras la búsqueda de aventuras que lo llevarán a descubrir el auténtico significado de la libertad, la verdad y la naturaleza…
Chris emprenderá un viaje sin dinero, en el que necesitará valerse por sí mismo. En esta aventura conocerá en el camino a otras personas que, al igual que él, no terminan de encajar en la sociedad… (Del Film ¨INTO THE WILD¨)
Chris emprenderá un viaje sin dinero, en el que necesitará valerse por sí mismo. En esta aventura conocerá en el camino a otras personas que, al igual que él, no terminan de encajar en la sociedad… (Del Film ¨INTO THE WILD¨)
Tiempos modernos en el que los valores, las costumbres y los sueños se palidecen, se desvanecen. Se pierde en la individualidad en la idiosincrasia del otro, se esfuman en la vorágine de estos días, en donde todo marcha contra reloj. Tiempos en los cuales la familia como creación, como lugar de retorno, de refugio, de amparo ha sido deslizada. Tiempos en donde los valores, los ideales, las creencias como la verdad, la amistad, la libertad, adquieren otro sentido, otro valor, otro significado… el de la verdad a medias, amistades superfluas, intolerancia, fanatismo.
Tiempos en donde la capacidad creadora, la aptitud y la idoneidad se miden en términos de la competencia. Tiempos de desigualdad, de tiranía, desalmados, tiempos en donde las leyes que regulan las relaciones son las del amo y el esclavo. Son tiempos egoístas y mezquinos, miserables, productores de identidades falsas, ilusorias, identidades fingidas e imaginarias, tiempos que corrompen nuestros sueños, nuestros ideales, los adulteran, los moldean y los crean a su imagen.
Tiempo en donde la individualidad es la madre de estos hijos, hombres grises, huérfanos de ilusiones, de sueños, de identidad… hijos de la nada, de las apariencias, carentes de sentido, faltos de dignidad. Han perdido la mesura, han quedado desnudos de valores e ideales, sordos, ciegos y mudos. Tiempos en donde nadie escucha a nadie, en donde todos contra todos, devoramos al otro con el objetivo de escalar, trepar un “lugar más arriba”, en la lucha por pertenecer, por “no quedar afuera”.
¿Qué nos pasó? ¿Por qué perdimos la fe? Dejamos de creer en nosotros, nos alejamos de nuestros orígenes y principios, de nuestra esencia, nos volvimos imparciales, perdimos la ilusión, perdimos la misión, nos quedamos sin visión.
En otros tiempos, la identidad era el legado que nos dejaban nuestros viejos, nuestros abuelos… Hoy se la debemos al amo de nuestros días, y estamos en deuda, nos han vendido identidades vulnerables, endebles, frágiles, frívolas, vacías, lejanas…
Los que estamos al lado del camino, siempre estamos solos, el tiempo es un atropello, quedamos afuera del camino, subsistimos en el olvido, no “encajamos” en los moldes de la competencia, del todo o nada, de lo inmoral, nos declaran incompetentes, “malgastamos” el prestigio. Sin “reputación” la clave del “éxito” nunca nos es revelada. El tiempo nos oprime, nos abate, nos declara la guerra, una guerra déspota, desigual, como todas las guerras, injustas…
