martes, 3 de septiembre de 2013

CASTILLITOS DE ARENA…

“La vida es aquello que te va sucediendo mientras te empeñas en hacer otros planes”
John Lennon
Cecilia se había enamorado, decidida a todo comienza una nueva relación amorosa, definitivamente este era el hombre de su vida,  el príncipe azul tan ansiado y esperado…
Fue amor a primera vista, los planes no tardaron en llegar, al conocer a Elías supo que con él se casaría, tendría hijos, formaría una  familia y demás. Es oportuno aclarar que en otras ocasiones, Cecilia también se había enamorado profundamente, estuvo a punto de casarse y también quería tener hijos… Decía al respecto: “deseos que no logre concretar por esas cosas del destino…”
Cecilia estaba plenamente convencida de que Elías era el hombre de su vida.  Así fue como esta certeza, la llevo a desear que él le propusiera una relación formal al poco tiempo de conocerse, cosa que no sucedió y la molesto mucho.
Por su parte Elias prefería ir más despacio, era lógico, se acababan de conocer, se sentía atraído por ella, le parecía una linda chica, dulce amigable, pero un poco “apresurada”.
Las semanas pasaron y sin darse cuenta, al mes, Cecilia se había ganado el título de novia oficial. Mensajes de textos, llamados telefónicos a diario, efusivas expresiones de amor, amor, amor y más amor…
“Nos veíamos todos los días, y cuando no estábamos juntos, nos escribíamos mensajes de textos o compartíamos charlas telefónicas, me di cuenta que ella tenía la necesidad de estar comunicada conmigo todo el tiempo, quería saber qué hacía, a donde iba y sí salía o hacia planes que no la involucraban, quería saber con quién, cuando y donde,  siempre me remarcaba que me amaba que yo era todo para ella y se enojaba mucho cuando yo no le expresaba lo mismo… al poco tiempo empecé a sentirme incomodo con la relación, había dejado de ver a mis amigos, ir al gimnasio, salidas, etc. Sentía que todos los espacios los había ocupado Ceci, que no había lugar para mí, escenas de  celos por cualquier cosa, peleas y reproches todo el tiempo, definitivamente yo no estaba convencido de seguir adelante con esta relación, pero había algo en ella que me atraía, me gustaba, seguimos unos meses más, pero mi desinterés era evidente. Cecilia no sabía qué hacer para que yo me sintiera atraído por ella… a los pocos meses nuestra relación era insostenible, había tomado la decisión de terminar con la relación, solo tenía que buscar el momento para decírselo, no sabía cómo iba a reaccionar, de lo único que estaba seguro, en ese momento, es que no la amaba o por lo menos no como ella esperaba que lo hiciera, sentía que su forma obsesiva y absorbente de mostrar amor me estaba haciendo daño y no quería seguir adelante. Recuerdo que una tarde la invite a tomar algo, la idea era hablar con ella de lo que me estaba pasando y ponerle fin a la relación, pero un detalle cambio todos mis planes…
Hoy hace un par de años vivimos juntos y cuando nació Mateo nos casamos, intente formar una familia y acá estoy, tratando de seguir adelante, sé que quiero a mi hijo y elijo estar con él todos los días, el resto es incertidumbre… no sé qué decir, pienso que las cosas a veces no se dan como uno las espera o como uno las desea…”

Leía un libro en donde el autor hablaba de la responsabilidad y la culpa, decía algo así como: “…de lo único que se es culpable es: de un acto delictivo o de un pecado, del resto solo somos responsables…”
Con esta idea en mente y con la historia de Cecilia y Elías de fondo, me sucedieron dos cosas: por un lado asomaron sentimientos teñidos de prejuicios y esto me llevo a considerar a Elías como víctima de este vínculo con Cecilia. Por otro lado, esta idea de responsabilidad me obliga a preguntarme ¿cuál es el lugar que ocupa Elías en esta desdicha? ¿Cuál es su parte de responsabilidad y compromiso en aquello que le sucede?
Al igual que un efecto dominó, la vida le da a los mortales el don de la responsabilidad, de este modo el ser humano se convierte en actor y productor de sus actos. Cuando entramos en la lógica de la responsabilidad  descubrimos la necesidad de responder, es decir,  hacernos cargo de las decisiones y/o acciones que ejecutamos y es así como esta imagen de víctimas y victimarios se desploma, pierde sentido.
“Hacernos cargo de nuestras decisiones”  lleva a pensar en los Elías que encarnan aquellos seres comunes y corrientes que inician relaciones amorosas  motivadas por el deseo, el interés. Hombres que se sienten atraídos por estas mujeres, atractivas, amigables, inofensivas, cariñosas, bellas, interesantes, mujeres encantadoras pero que  detrás de esto aparente disimulan, guardan otros intereses; pensaba en los Elías que se quedan a mitad de camino, que se dejan llevar  por el egoísmo del otro, de ese otro que especula en llevar adelante sus objetivos, subsanar sus faltas, satisfacer sus necesidades sin tener presente el deseo y el interés de quienes lo acompañan; pensaba en los Elías que se rinde fácilmente, se entregan a este tipo de vínculos producto de la cobardía, el miedo, el individualismo, el sentimiento de inseguridad, la mentira, y por sobre todo la manipulación.

Pero como dice el dicho popular “nunca falta un gato para lamer el plato” o mejor dicho “Nunca falta un roto para un descocido”  allí están las Cecilias, ellas representan a las mujeres pobres de espíritu, mujeres que demandan sentirse amadas, valoradas, estimadas, apreciadas, mujeres que se consuman en la mirada y la aprobación del otro, mujeres que lo entregan todo sin reservas y esperan ser reconocidas por esto, aun cuando nadie les ha pedido tal sacrificio. Mujeres que buscan afanosamente que todas las piezas encajen en su plan, que sus deseos sean órdenes, esto es, que sean saciados cueste lo que cueste. Dispuestas a pagar cualquier precio, lo arriesgan todo con el objeto de sentirse queridas, elegidas, mujeres que responsabilizan y cargan al otro con el pesos de sus desdichas, de aquello que les “falta”. Mujeres y hombres que unen sus vidas, que desean lo que el otro no puede dar, juegan a la casita, construyen castillos de arena, viven en la incertidumbre, este juego los distrae mientras la vida sucede…