martes, 9 de noviembre de 2010


Algunos lo llaman Burn Out…
¿Yo? ¡Nada que ver!

Alejo es licenciado en psicología, fue graduado con honores en la Universidad de Buenos Aires. Es profesor hace varios años de una materia en dicha casa de estudios, además desempeña otros cargos como docente en otras universidades reconocidas. Actualmente realiza un doctorado en psicología. Un señor de una trayectoria indiscutible, de un espíritu vivaz y lleno de energía.  Lo crucé hace unos días, lo noté un poco distinto de aquella última vez en la que nos habíamos visto. En aquel entonces me había comentado con mucho entusiasmo que se había presentado a concurso para el puesto de Jefe de Trabajos Prácticos de la misma materia en la cual es docente hace varios años. Pero al parecer las cosas habían salido mal. Cuando lo vi le pregunté si había recibido novedades sobre el concurso y me comentó que ese día había chequeado las listas de resultados y, para su sorpresa, no sólo no estaba entre los primeros puestos si no que además… ¡había quedado afuera! “¡Estoy con una bronca terrible, esta noticia me tomó por sorpresa, no lo puedo creer, la verdad que me había preparado muchísimo para este concurso! Todo mi currículum es impecable, yo soy una persona con una trayectoria importante, escribo artículos científicos, los presento en congresos, doy clases en la universidad hace mucho tiempo, y no sólo en esta universidad, en otras también. Te podría mencionar una lista de cosas que he hecho como docente… además no sólo como docente… yo hice una concurrencia hace muchos años en el hospital. Te digo más… trabajé por mucho tiempo en el equipo de psicopatología del hospital público, con esto te quiero decir que no era uno más, sino que sumaba parte del equipo… ¡No sé que pensar! porque si a esta altura de mi carrera yo no estoy capacitado para dar clases la verdad no sé que pensar... Me pregunto ¿acaso doy mal la clase? ¿O tal vez no estoy capacitado para dar una clase? ¡No sé que fue lo que pude haber hecho tan mal! Es más, el día  anterior a que me presentara al concurso me llamaron a casa algunas de mis colegas que se presentaban también al concurso a pedirme ayuda, yo me tomé el trabajo de explicarles cómo se hacía para preparar una clase, ¿me explico?”.
Alejo no paraba de balancearse con su cuerpo mientras hablaba, y por fin  cuando parecía terminar de profesar su malestar continuó: “Aparte otra cosa,  fui becado por el CONICET para la práctica de investigación que estoy haciendo, realmente no lo puedo creer… ¡yo hago ciencia ¿entendés?! Esto me desmoraliza bastante, y no sé cómo voy a seguir de ahora en más. Tengo muchas dudas de seguir con todo esto, ah y mejor ni te digo quién quedó en el puesto, porque no corresponde que te lo diga, lo único que voy a decir es que es una persona que ni siquiera tiene un doctorado hecho, ni siquiera un  posgrado, ni nada por el estilo… va, sí es recibida, eso sí…”
Estos fueron algunos de los comentarios de Alejo, mientras lo escuchaba hacer catarsis conmigo...

Cuando nos despedimos aquel día, camino a casa me quedé pensando en Alejo y en todos los Alejos que existieron, existen y van a seguir existiendo. Me preguntaba ¿por qué ante un evento de estas características alguien con tanto reconocimiento, trayectoria e inteligencia, puede sentirse tan mal, desmoralizado al punto de poner en duda su carrera, trabajo y vocación? Claro está, era lógico el descontento, pero ¿hasta el punto de sentir que toda su vida depende de un puesto, de un rótulo académico?

Los Alejos suelen ser personas totalmente sometidas a las obligaciones de sus empleos, a tal punto que estos deberes les impiden ser ellos mismos. Son “mártires” del trabajo, capaces de ¡dar la vida! en pos de cumplir los objetivos que se proponen o les imponen. En este sentimiento altruista de darlo todo por la empresa suelen realizar procedimientos laborales irrisorios, pero que son vividos como “el fin del mundo” si no se concluyen en el tiempo estipulado. No pueden comprender cómo otras personas creen que exageran en su forma de trabajo. Presentan una preocupación excesiva por sus tareas laborales postergando otras áreas de su vida que suelen ser las que le dan más satisfacción y placer. Faltar al trabajo aunque estén delirando con 40 grados de fiebre es una idea que ni se les cruza por la mente. La agenda personal queda prácticamente relegada, casi no tienen tiempo para hacer, ni pensar en otra cosa.
Son personas inquietas, necesitan controlar las situaciones y adelantarse a los imprevistos, “ir más allá de todo”. Suelen verificar y revisar obsesivamente las tareas que hacen una y otra vez con el objetivo de asegurarse de no haber cometido ningún error u equivocación en su tarea. Esto hace que, por ejemplo, habitualmente se excedan en el horario laboral siendo los últimos en dejar la oficina. Asimismo, este modo de pensar y de comportarse les dificulta tomar cualquier tipo de decisión ya que primero evalúan infinitas posibilidades de respuesta, solución y consecuencias.
Son sujetos que se preocupan por el orden, la limpieza y el cuidado de los detalles. Son sumamente exigentes con ellos mismos y con los demás, buscan la perfección en todas las cosas. Tienen la necesidad de hacer todo cada más rápido, cada vez más y mejor que los demás.
Temen cometer errores irreparables, y que eso los lleve a perder “su lugar”. Sienten que algo malo puede suceder si no concluyen con “eso”. Estos son pensamientos automáticos, repetitivos, casi inconscientes y muchas veces no deseados por el sujeto.

Narciso llegó aquí a su máxima expresión: no sólo se identifica con la perfección y el poderío que “el” puesto representa, como en el caso de Alejo ser el JTP de una materia,  sino que también encarna la imagen de un hombre joven, guapo e inteligente que se idéntica con aquel. Parece que Narciso hubiese encontrado a su doble, se ha convertido en el espejo de si mismo.
Claro que en la otra cara del espejo las cosas no son tan simples, tan perfectas… estando allí corre el riesgo de chocarse  con el reflejo negativo que encarna la clave del éxito. Al mínimo descuido Narciso puede ser desplazado del pedestal del éxito, del círculo dorado del reconocimiento, y aquel espejo reflejar a otro ser aun más perfecto que él.

El trabajo se convierte en el ritual que el esclavo le rinde a su dios. Han entrado en un círculo vicioso casi imposible de detener, corriendo tras el “éxito”, los premios o el reconocimiento porque tienen la profunda certeza de que cuando lleguen a la cima podrán alcanzar la felicidad. El problema es que no reparan en que ¡la zanahoria gira cada vez más rápido!




7 comentarios:

  1. Muy buen articulo y excelente video. Con respecto al tema creo que varios puntos buenos para tener en cuenta y no llegar al extremo de ser "adicto al trabajo", pero tambien considero que es bueno ser exigente con uno mismo para poder mejorar o ser el mejor en lo que se desempeña, uno siempre es recordado por lo que hace y si te pasas la vida siendo un hippie que todo te importa un joraca terminas con tres balazos en el pecho tirado en una zanja o aplastado por caballos de la infanteria en una manifestacion (jajjajaa... la última estuvo muy buena hasta me lo inmagine con los harapos y las rastas). Bueno saludos y hasta la semana que viene.

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  2. Muy buen articulo, considero que todos los extremos son malos y perjudiciales para cualquier ser humano, esta bueno mantener el equilibrio en todo lo que hacemos a pesar que a veces se nos dificulta.

    Por otro lado considero de mal gusto el comentario de Cristian en relación a los “HIPPIES” muy discriminatorio…

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  3. El video no se porque no lo puedo ver... en cuanto pueda lo comento! Con respecto al texto...Aveces me pongo a pensar que aveces es cuestion de suerte...mas halla que tambien se que si uno no edifica su futuro el dia de mañana la vida de esa persona seria un fracaso...
    Digo..es cuestion de suerte, porque hay pesonas que no estudian nada y talvez tienen el trabajo que siempre soñaron pero sin esfuerzo de estudio ni nada por el estilo!
    Cuando uno ama lo que hace el trabajo no es un sacrificio. Una vez escuche que un pintor importante (no se cual)dijo mi trabajo no tiene tiempo de jubilacion... es decir asi sea viejo nunca se iba a jubilar porque ese pintor amaba lo que hacia... cuando uno ama y disfruta lo que hace nunca kiere jubilarse, pero cuando el trabajo te agota, no da para mas... es porque no va!! Aunque tenes que trabajar igual..porque nadie te regala nada! Esta bueno...rebuscarsela cada uno por su cuenta... Te hace independiente...NO esta bueno vivir dependiendo de otros... no es vida! segun mi punto de vista, a otros les encanta!
    Genial el tema!

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  4. http://www.youtube.com/watch?v=b5H2qsp1ihc

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  5. para resumir,yo pienso q muchas de estas personas,se olvidan de vivir y disfrutar su propia vida con todo lo q ella incluye,para pasar a "vivir para trabajar".
    Y muchas veecs pasa q estas personas se desilucionan al ver q dieron todo por algo,alguien,tal o cual trabajo,q al final no se lo reconocen y lo pasan por alto.
    si bien es bueno esforzarse dia a dia para ser mejor y rendir mejor en lo q hacemos,tambien es bueno no olvidarse de q el trabajo esta dentro de nuestra vida,como muchas otras cosas,pero no es la vida entera.
    ah relarse un poco mas,q en defiitiva,cuando nos vallamos de esta tierra,nada nos vamos a llevar!
    hasta la proxima!!!!!!!!!!!pla

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  6. Buen tema, ahí días q el reto que uno se pone a sus cosas, no nos deja ver mas halla y como profesional y a verme costado tanto llegar, siente uno con la obligación de exigirse para no volver atrás, dejando hasta los afectos de lado x no que ser uno menos del montón, el equilibrio es difícil...cuando llegar a la cima no se complica...Silvia :)

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  7. Mientras lo leía no pude evitar pensar en mi chico, creo que es de ese tipo de personas... por su trabajo se está perdiendo las cosas buenas que tiene la vida. La descripción de la personalidad de estas personas también es exacta. Felicitaciones por el artículo. Sigan así. Vale :-)

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