El macho Alfa…?
Durante miles de años se ha dicho que el sexo dominante es el masculino, encarnando el hombre un rol patriarcal. El término Varón denomina lo masculino, constituyendo así una distinción sexual entre “hombre” y “mujer” basada en las características biológicas. Varón representa de este modo al “macho” humano.
La etiología de dicho término deriva del latín vir que significa “viga”. Para el pueblo romano el varón representaba la viga que soportaba la estructura de una casa.
Históricamente se ha otorgado al hombre un lugar de importancia y de poder al concebirlo como portador del falo (representante psíquico del pene), ubicándolo así en “un escalón más arriba” con relación a la mujer, lo cual es sostenido hasta en la actualidad por varias corrientes filosóficas y psicológicas que han desarrollado extensas teorías acerca de la envidia del pene, la teoría universal del falo, o la famosa castración para dar cuenta del desarrollo psíquico diferencial entre hombres y mujeres. Asimismo, el falo simboliza aquello que es objeto de nuestro deseo y que, sobre todo las mujeres, desean tener o portar.Las representaciones sociales acerca de los hombres son muchas y abarcan figuras como el “padre de familia” o el “proveedor”, la “cabeza o el jefe del hogar”. Es frecuente escuchar la idea de que “el hombre nació para trabajar y traer el sustento al hogar”, realidad que, con el paso del tiempo y dependiendo de cada cultura, ha ido cambiando paulatinamente pero que aun sigue presente en el discurso diario del común de la gente.
Se piensa al hombre como el sexo fuerte, el macho, representante de lo viril, lo valiente, lo vigoroso, lo varonil, la autoridad y el poder. Cabe aclarar que semejantes cualidades otorgadas por la Humanidad a estos seres privilegiados no son a cambio de “nada”. Se espera que nuestros machos no demuestren sus emociones, ya que dejarlas “aflorar” sería considerado un signo de debilidad y de este modo correría el riesgo de ser burlado y tildado por sus pares como un “maricón”, un “pollerudo” y otras palabras menos amables que dejamos a imaginación del lector.
Si de sexualidad se trata, independientemente de cual fuere el estado civil del hombre, se espera que “cumpla”, es decir, debe estar “siempre listo” ya que para algo se le ha concedido el “rol activo”. Y en esto no hay margen de error, ¡no puede fallar! Difícilmente vuelva a recuperar su dignidad aquel varón que tuviere un episodio “traumático” con una dama.
¿Quién dijo que ser hombre es cosa fácil? La masculinidad siempre ha estado cargada de exigencias culturales un tanto crueles. Alguien me habló de “rituales de iniciación masculina”, cosa que desconocía y que me llevó a buscar más información sobre el tema. Me encontré con algunas prácticas realmente sorprendentes y, por cierto, muy interesantes. Un sin número de ejemplos demuestran que el acceso a la masculinidad no es cosa sencilla. Para ser “hombre” no alcanza con nacer con pene, la iniciación masculina es cosa de “machos”. Es un estado, un ideal al cual se debe llegar a partir de prácticas un tanto estrafalarias.
En Vanuatu (Pacífico Sur), por ejemplo, existe una costumbre que consiste en tirar a los varones de entre 12 y 15 años de edad desde una torre de madera precariamente construida que llega a medir 30 metros de altura. Los pies de los valientes muchachos son atados por los tobillos, y una vez listos deben lanzarse de cabeza al vacío, lo cual suele ser muy riesgoso, ya que el mínimo error puede ocasionar graves lesiones y hasta la muerte. Otro de los rituales que me sorprendió es el que se lleva a cabo en la India. Algunos dicen que este ritual consta de más de quinientos años: los padres llevan sus bebes (varones) para que ser lanzados desde 15 metros de altura, el equivalente al séptimo piso de un edificio. Esta costumbre simboliza buenos augurios y salud para los hijos. En el Amazonas, en la frontera con Perú, existe un grupo llamado los “Matis de Brasil”. Para que los muchachos
puedan formar parte de la secta de cazadores, se les aplica veneno en los ojos, con el objetivo de incrementar su visión y potenciar los sentidos, luego de esto, son sometidos a golpes y latigazos. Por supuesto, existen más de estos rituales de iniciación masculina en diferentes lugares del mundo como el “viaje psicodélico” de los Algonquinos, el “salto de las vacas” de los Hamar, el “guante lleno de hormigas bala”, y los “Sateré – Mawé, entre otros.
puedan formar parte de la secta de cazadores, se les aplica veneno en los ojos, con el objetivo de incrementar su visión y potenciar los sentidos, luego de esto, son sometidos a golpes y latigazos. Por supuesto, existen más de estos rituales de iniciación masculina en diferentes lugares del mundo como el “viaje psicodélico” de los Algonquinos, el “salto de las vacas” de los Hamar, el “guante lleno de hormigas bala”, y los “Sateré – Mawé, entre otros.
Pero volviendo un poco a lugares más conocidos por nosotros, también encontramos varias prácticas tituladas como “cosas de hombres” que también pueden ser algo crueles ya que limitan la espontaneidad y la creatividad de cada sujeto singular: ni bien el pequeño varoncito comienza a tener uso de razón, el adulto más cercano le enseña que “los hombres no lloran”, que debe defenderse a las piñas si es necesario, que juegue a la pelota o a los autitos (¡ni se te ocurra agarrar el bebote de tu hermana!). Unos años más adelante comenzarán a presionarte para que “debutes” cuanto antes, ya que es hora de que te conviertas en “hombre”… y ni hablar de las cosas que deben soportar aquellos que no han elegido a una mujer como objeto de amor…
Mi amado es apuesto y trigueño,
y entre diez mil hombres se le distingue.
Su cabeza es oro puro;
su cabellera es ondulada
y negra como un cuervo.
Sus ojos parecen palomas
posadas junto a los arroyos,
bañadas en leche,
montadas como joyas.
Sus mejillas son como lechos de bálsamo,
y entre diez mil hombres se le distingue.
Su cabeza es oro puro;
su cabellera es ondulada
y negra como un cuervo.
Sus ojos parecen palomas
posadas junto a los arroyos,
bañadas en leche,
montadas como joyas.
Sus mejillas son como lechos de bálsamo,
como cultivos de aromáticas hierbas.
Sus labios son azucenas
por las que fluye mirra.
Sus brazos son barras de oro
montadas sobre topacios.
Su cuerpo es pulido marfil
incrustado de zafiros.
Sus piernas son pilares de mármol
que descansan sobre bases de oro puro.
Su porte es como el del Líbano,
esbelto como sus cedros.
Su paladar es la dulzura misma;
¡él es todo un encanto!
por las que fluye mirra.
Sus brazos son barras de oro
montadas sobre topacios.
Su cuerpo es pulido marfil
incrustado de zafiros.
Sus piernas son pilares de mármol
que descansan sobre bases de oro puro.
Su porte es como el del Líbano,
esbelto como sus cedros.
Su paladar es la dulzura misma;
¡él es todo un encanto!
(La Biblia)
me mató lo del el “viaje psicodélico” de los Algonquinos, tiren un informe sobre eso, las dejo porque me estoy desvaneciendo. Abraxas
ResponderEliminarDespués de leer las 2 últimas publicaciones, parace ser que tenemos frente a nosotros, las 2 caras de una moneda, cada una de ellas con sus eternos padeceres...La mujer por un lado halagada en el arte, pero a su vez sometida en la vida..y el hombre, mayúsculo sujeto que por excelencia es bien macho...
ResponderEliminarPor suerte (o por evolución si se permite usar el término) estos rígidos encuadres han ido cambiando y las mujeres hemos adquirido mucho más protagonismo ante nuestras decisiones y acciones y muchos hombres se han permitido flexibilizar "su armadura de héroes"..
De todos modos, siento que están muy enraizados a lo largo de la historia todos los ejemplos que, de tan buena manera expusieron, y probablemente siempre carguemos con esos resabios...
gracias a Dios la epoca del sometimiento y exclavitud de la mujer quedo atras y ahora la mujer cumple un rol muy importante,partiendo de una mujer como presidente de nuestro pais hasta la mujer que tiene q salir a trabajar para mantener su hogar,sus hijos y aveces su marido.
ResponderEliminarmujeres libres q van al frente,q no se callan nada, q hacen lo que sienten y lo q las hace feliz porque se dieron cuenta q si ellas no son felices no pueden hacer a nadie felices.
Asi como digo todo esto,tambien debo admitir q aveces cuesta bastante conseguir esa libertad,poder cumplir nuestros objetivos,romper con eso q alguna vez nos dijeron:el hombre es el q sale a trabajar y la mujer se ocupa de la casa.
Yo creo q es cuestion de romper el esquema...con respecto al ultimo parrafo muy bien contado...espero nunca llegar a eso con mis hijos.