miércoles, 3 de octubre de 2012



Alguien quiere salir…


Son las ganas de la infancia 

Floreciendo en tu cielo y en tu amor 
Como barriletes de esperanza 
Tanto hilo que no alcanza 

Hay que remontar remontar, remontar 
Remontar para vivir 
Hay que remontar... 

Lo imposible está ahí, para seguir 
Es un barrilete que no para 
Lo imposible esta ahí, para vivir 
Remontan las ganas de un mañana. 



Hay un momento en que, para algunos niños, el juego deja de ser un terreno de exploración, un espacio de creatividad, deja de ser ese elemento soñado y mágico   donde la capacidad creadora interpreta su mejor papel.  Allí donde el jugar se  vuelve medicina, el juego de los niños se transforma en el arte de sanar, hace las veces de antídoto que contrarresta  tanto mal. Es así, como esta dulce medicina, resguarda, protege, aísla y envuelve a este ser. El juego deja de ser una oportunidad inventiva para convertirse en el único medio de sobrevivir, perdurar, mantenerse vivo.
Alguna vez escuche decir que el juego es la dulce medicina de los niños… Cuanta verdad expresada en una simple y sencilla frase.  Pensé en esos niños  producto de la dureza de los grandes, niños que son fruto del egoísmo desmedido, niños castigados, desamparados, abandonados simbólicamente, niños dañados, desestimados y anulados… niños que llegan para cubrir “fallas”, llenar vacíos, reparar deseos incumplidos, quebrantados. Niños que nacen para saldar deudas de otros tiempos. Estos niños, producto de la inmadurez y la cobardía de otros niños que no han crecidos  y se esconde tras el traje de un adulto. Niños que se crían en la soledad, niños exigidos, escatimados, caballitos de batallas desleales, niños devorados, capturados por la mirada y los reclamos de los otros, niños objetos, gritos callados que piden  salir.
Es allí donde el juego como medicina cobra fuerza, valor, entusiasmo y un desafío para quienes estamos del otro lado esperando a ese Alguien que ansía salir. Esta dulce medicina significa que hay una puerta abierta, una  puerta de esperanza que señala el camino para salir, salir a jugar….

1 comentario:

  1. Este artículo trajo recuerdos de mi infancia, ya que en muchas ocasiones he sido caballito de batallas desleales entre los adultos, como dice el artículo, lo peor que le puede pasar a uno cuando es chico es que tus padres no se amen y que solo estén “juntos” según dicen ellos por uno!! Una locura!! Gracias por esta reflexión!

    ResponderEliminar

Gracias por su comentario: